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rosario, Argentina
La (CTC) es un organismo de derchos humanos con el fin tutelar y promover los derechos de las personas privadas de la libertad.Es parte de la comisión investigadora no gubernamental de los crímenes de diciembre de 2001. Intervino en varios programas de prevención de vih-sida en lugares de encierro,en el año 1997 se presenta un habeas corpus por las condiciones de detención de las mujeres en la alcaidia de jefatura logrando el cierre de la misma.en 2006 se inició una denuncia ante la Comision Interamericana de Derechos Humanos por la situación de los niños y jóvenes privados de la libertad en el IRAR, denuncia abierta contar el Estado. Se obtuvo sentencia favorable en un habeas corpus general contra las comisarías en Rosario pidiendo la ilegalidad de la detención en dependencias policiales. Entre otras actividades en común con otras organizaciones sociales, personas privadas de la libertad y otros organismos de derechos humanos.

viernes, 9 de julio de 2010

Nora Giavedoni

Nota de Osvaldo Aguirre para el Angel Lata



“Nosotros creemos en los pibes, les tenemos confianza”, decía Nora Giavedoni. De esa manera explicaba el trabajo que realizaba con la Coordinadora de Trabajo Carcelario en el Instituto de Recuperación del Adolescente de Rosario (Irar). Tal vez esas palabras fueron también una clave de su vida, del modo en que se acercó a los demás y de su consagración a cada una de sus acciones de militancia, desde el Nacional número 2 a la Biblioteca Alberto Ghiraldo, desde los grupos anarquistas de Rosario a El Ángel de Lata, desde la Coordinadora a la Comisión Investigadora de Diciembre de 2001.

Nora falleció. a los 33 años. Había nacido el 12 de febrero de 1975 en Granadero Baigorria, donde vivió su infancia y su adolescencia. Y donde empezó a poner en práctica un compromiso social y un sentido de la solidaridad sin reservas. Era una niña cuando se puso a juntar juguetes para los chicos del Remanso Valerio.
Fue delegada en el Nacional número 2 y a partir de 1994 comenzó a participar en las actividades de la Biblioteca Alberto Ghiraldo. Desde entonces estuvo ligada a las actividades y las organizaciones del movimiento anarquista, como el Colectivo No Somos Nada, la Organización Anarquista de Rosario (OAR) y el Centro Social Libertad, en el barrio toba de Travesía y Juan José Paso. Estuvo en marchas en Rosario, en Buenos Aires, en Montevideo, y fue oradora en los actos libertarios de la Plaza Montenegro, los actos que recuperaron una tradición mucho tiempo perdida.

El proyecto del barrio toba estaba enmarcado en las propuestas de trabajo de la OAR para contextos donde los lazos sociales y comunitarios estuvieran deteriorados, como una estrategia de acción directa en la transformación de esas situaciones. Nora participó activamente en este espacio hasta 2000. Un año antes había empezado a militar en la Coordinadora de Trabajo Carcelario. Estuvo en las visitas a los presos en las comisarías, ayudó en tareas de mediación en motines y participó en el trabajo de asistencia a los presos con HIV que desarrolló la Coordinadora.

En 2000 comenzó a publicarse El ángel de lata. Y Nora estuvo también desde el principio. “Está la necesidad de dar otra versión de las cosas -dijo sobre la revista, en una entrevista que publicó el blog Una que anda por ahí (www.unaqueandaporahi.blogspot.com). El pobre no es pobre porque quiere o el chico que está en la calle no está ahí porque el padre es un jodido hijo de puta que lo mandó a laburar para explotarlo. Hay un montón de mitos y de cosas que andan dando vuelta que uno tenía la necesidad de decir que no son tan así. Nosotros queremos contar otra historia y queremos que esta gente tenga un espacio donde contar su verdad”.

Nora fue también una de las principales impulsoras de “Tormenta de sueños”, el proyecto de la Coordinadora en el Irar. Con ella, los chicos hicieron entonces un programa de radio y “La libertad”, un diario cuyos titulares eran “Los menores reclaman no estar en comisarías y quieran más granjas de rehabilitación” y “Es injusto que les abran una causa a los piqueteros”, entre otros. Volvieron a celebrar el día del amigo, hicieron un radioteatro y una propaganda para El ángel de lata. Pero para llegar a ese punto había que recorrer un camino. La confianza no estaba dada desde el principio. “Una de las cosas más importantes que sale en el taller es el tema de la aceptación -contaba Nora-. A ellos les costaba entender por qué ibamos a verlos, qué queriamos hacer y por qué no sentíamos ningún rechazo. Nos decían que éramos del centro, que éramos caretas”.

Al hablar de su experiencia en el Irar, Nora dejó reflexiones que vale la pena recordar. “La gente ha incorporado frases como que los menores entran por una puerta y salen por otra -decía-. Si fueran al Irar verían que esa puerta por donde los chicos se van rápido no existe. Ellos pasan presos cuatro, cinco meses, o un año, y no es poco tiempo, sobre todo para un chico que atraviesa la adolescencia. El otro día, en un descuido, nos quedamos encerrados quince minutos en una sala del Irar. Y nos dimos cuenta de lo que debe ser estar un mes ahí adentro”. Nora era justamente alguien que se ponía en el lugar del otro. Y que le daba su voz y su fuerza.

A veces los recuerdos duelen y tienen un sabor amargo. Pero Nora no tuvo nada que ver con la tristeza. Dejó su huella en las cosas que hizo, y allí están su firmeza, su entrega, su alegría, las cosas que ahora la hacen inolvidable.



1 comentario:

  1. Esta buenisimo el blog! felicitaciones!
    equipo de Rompiendo El Silencio

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